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Opinion y Debate

    La estatización de YPF.
Nicolás Merchensky
13 de Abril de 2012
 
 

Tras los fuertes rumores de los últimos días, apareció dando vueltas por el Congreso el borrador de un presunto proyecto de ley para estatizar la mitad de las acciones de YPF.

La crisis energética, negada por el Gobierno hace apenas un par de meses, pareciera haber encendido luces de alerta en el oficialismo ante la caída conjunta de la producción de gas y petróleo –es la primera vez en la historia que sucede esta simultaneidad– y las crecientes importaciones energéticas. La falta de inversiones de la petrolera es lo que estaría motivando al Gobierno llevar adelante la expropiación. Veamos.

Un problema de años.

La caída de la producción de YPF tiene un actor principal: la falta de exploración. En la década del 80, con YPF en manos del Estado, se realizaron 105 perforaciones exploratorias; en los 90 ya con YPF privatizada, se realizaron 100 perforaciones; en los últimos 10 años se hicieron 25: apenas un cuarto de las décadas anteriores. Esto demuestra que la crisis actual era visible ya hace algunos años, y no por el aumento del consumo de energía –insumo esencial e insustituible de la civilización moderna– sino por la caída de la producción.

El problema de YPF es la forma en que fijó sus prioridades, sumamente diferentes a las prioridades de otras petroleras. En los últimos años YPF ganó 13.000 millones de pesos y remesó al exterior en utilidades más de 17.000 millones, es decir, más del 130% de las ganancias, un verdadero disparate. Conviene agregar que en el Directorio de la empresa, el Estado tiene un Director, cuyo voto fue positivo a favor de la absurda distribución de dividendos.

El activo principal de una petrolera son sus reservas, y la única manera de que las mismas aumenten, es a través de la exploración. Por eso, las compañías petroleras serias –Petrobras, Shell o Esso– jamás distribuyen más del 40% de las utilidades, pues necesitan capitalizar recursos para explorar en tierra y alta mar.

La conducción de YPF ha sido tremendamente irresponsable: vaciaron la empresa, pero no en los últimos 4 meses, sino en los últimos 10 años.

Prioridades.

Argentina atraviesa un serio problema energético, que va más allá del petróleo y del gas. Según CAMMESA, el 62% del consumo actual de energía depende exclusivamente de esos dos recursos. Y para la Secretaría de Energía, la penetración del petróleo, el carbón y el gas dentro de nuestra matriz energética, alcanza el 92%. Se impone un cambio de la matriz.

Además de revitalizar la exploración de hidrocarburos, debemos empezar a pensar en energía renovable, en hidroelectricidad y en energía nuclear, campos en donde los avances científicos y tecnológicos, permiten su pleno desarrollo prácticamente sin consecuencias ambientales.

Esto requiere de divisas que el país actualmente no dispone, o dispone cada vez con menor facilidad –no en vano ocurre el control de cambios y de importaciones– y por eso, plantear un costoso cambio de manos en la conducción de YPF, sirve para hacer ruido político, pero de ninguna manera para resolver la cuestión de fondo.

Resolver el problema energético requiere atacar varios flancos a la vez. Creer que puede resolverse expropiando YPF es puro pensamiento mágico: el Estado agregará un nuevo problema a su órbita y los existentes seguirán su curso inalteradamente.

Distinto sería plantear seriamente desde el Estado una legítima defensa del interés nacional y buscar los mecanismos para que YPF deje de hacer lo que –reitero– viene haciendo hace 10 años, que es distribuir dividendos a expensas de la exploración, y aprovechar las disponibilidades que usaríamos para la expropiación –en definitiva, la compra de acciones– en, por ejemplo, explorar nuestra plataforma submarina –a donde los ingleses llegan no porque sean malignos, sino porque los argentinos no tenemos recursos para llegar– o reformular la matriz energética, construyendo represas hidroeléctricas, centrales nucleares, desarrollando la energía eólica y otras formas de energía renovable.

Epílogo.

El año último se gastaron $60.000 millones en subsidios al sector energético, casi 10 Asignaciones Universales por Hijo. El GNC que utilizan más de 2 millones de vehículos en Argentina, cuesta 1 dólar en el surtidor, pero 17 dólares al país cuando lo importa.

Las inversiones en el sector energético debieron hacerse hace tiempo  (las hechas han resultado claramente insuficientes). No obstante, estamos en condiciones de corregir el rumbo errático de los últimos años, pero creer que comprar YPF es la solución, es seguir perdiendo tiempo y recursos, sin empezar a solucionar el problema de fondo.



Comentarios

17/04/2012 - Gastón Galli
Oportunamente estuve en desacuerdo con la privatización de YPF y la verdad es que, a juzgar por los resultados, sigo manteniendo la misma opinión. Por lo tanto estoy de acuerdo con el proyecto de Ley. No es la solución, en eso estoy de acuerdo con Nicolás, pero sí creo que le da al Estado mejores herramientas para encarar soluciones Y si este gobierno es tan desastroso como cree Nicolás, YPF será en todo caso algo que quedará para (lo que el considere) mejores gobiernos.




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